El consumo mundial de pistacho crece de manera sostenida desde hace más de dos décadas y configura un escenario de demanda firme frente a una oferta limitada y concentrada. En ese contexto, la Argentina reúne condiciones para posicionarse como un nuevo polo productivo relevante.
Impulsado por tendencias globales vinculadas a la alimentación saludable, la nutrición vegetal y el consumo de alimentos naturales premium, el mercado del pistacho registra un crecimiento promedio del 6,5% anual. En 2025, esa dinámica volvió a mostrar señales de expansión.
Actualmente, la producción mundial se concentra en pocos países del hemisferio norte —principalmente Estados Unidos, Irán y Turquía— que enfrentan restricciones estructurales vinculadas a disponibilidad de superficie cultivable, agua y condiciones climáticas específicas. Esta concentración genera vulnerabilidad en la oferta y limita la capacidad de respuesta ante el crecimiento sostenido de la demanda.
Un mercado con brecha estructural
De acuerdo con proyecciones basadas en estudios del USDA, la FAO y el International Nut Council, hacia 2040 podría registrarse una brecha superior a las 250.000 toneladas entre la oferta y la demanda global de pistachos. Este déficit estructural refuerza la estabilidad de precios y abre oportunidades para nuevos jugadores en el mercado internacional.
En ese escenario, el hemisferio sur adquiere un rol estratégico. La producción contraestacional permite abastecer a los mercados en períodos de menor disponibilidad, una ventaja competitiva clave frente a un consumo que continúa en expansión.
Condiciones favorables en Argentina
Argentina presenta características agroecológicas propicias para el cultivo: clima semiárido, alta radiación solar, suelos aptos y sistemas de riego tecnificado. En particular, la provincia de San Juan se posiciona como una de las regiones con mayor potencial para el desarrollo de este cultivo de largo plazo.
El pistacho se destaca además por su longevidad, con una vida útil superior a los 50 años, y por rendimientos promedio que pueden alcanzar los 3.500 kilos por hectárea en plena madurez productiva, con picos superiores en campañas favorables.
Iniciativas privadas y modelo productivo
En este contexto, distintas iniciativas privadas comienzan a desarrollar proyectos de escala con planificación agronómica, infraestructura y tecnología aplicada.
Una de ellas es la firma AgroFides, que impulsa emprendimientos productivos en San Juan bajo esquemas de gestión profesional y sustentable. Entre sus desarrollos se encuentra “La Memita”, un establecimiento ubicado en el departamento Sarmiento que contempla 100 hectáreas productivas con riego por goteo, gestión hídrica integral y uso combinado de energía eléctrica y solar.
Desde la empresa sostienen que el pistacho “no es una moda coyuntural sino un cultivo con fundamentos sólidos, cuya demanda crece de forma sostenida mientras la oferta avanza más lentamente por las barreras técnicas y de inversión que requiere”.
Más allá de los proyectos particulares, el cultivo comienza a consolidarse como una alternativa estratégica dentro de la diversificación agrícola argentina.
Consumo, salud y trazabilidad
El crecimiento global también está vinculado a cambios en los hábitos de consumo. El pistacho es valorado por su perfil nutricional, aporte de proteínas vegetales y grasas saludables, y por su versatilidad tanto en snacks como en productos gourmet.
En paralelo, aumenta la exigencia por trazabilidad, origen claro y sistemas de producción sustentables, factores que pueden convertirse en diferenciales competitivos para los nuevos polos productivos del hemisferio sur.
Un cultivo con proyección de largo plazo
Con demanda en expansión, oferta estructuralmente limitada y ventajas agroclimáticas claras, el pistacho se perfila como uno de los cultivos estratégicos para las próximas décadas. Para la Argentina, el desafío será transformar sus condiciones naturales en una cadena productiva competitiva a escala global.

