En noviembre se afectaron a más de 15.000 colmenas en zonas agrícolas. Los análisis evidencian exposición ambiental a fitosanitarios, aunque sin atribuir el fenómeno a un principio activo específico.
(NAP) El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay relevó mortandad de abejas en más de 15.000 colmenas de los departamentos de Canelones, Colonia, Durazno, Flores, Florida, Paysandú, Río Negro, San José y Soriano, todos ellos con fuerte presencia de agricultura extensiva.
De acuerdo al comunicado oficial, los apiarios afectados se encontraban en entornos con cultivos de colza, trigo, cebada, maíz, sorgo y soja, lo que orientó desde el inicio las investigaciones hacia una posible interacción entre la actividad agrícola y la salud de las colmenas.
Uno de los primeros resultados relevantes del trabajo técnico fue la exclusión de causas sanitarias. Los análisis realizados por el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable no encontraron evidencias de enfermedades propias de las abejas que expliquen la mortandad observada.
Este dato permitió descartar rápidamente patologías endémicas como principal factor desencadenante y reforzó la hipótesis de una exposición ambiental.
Los estudios incluyeron muestreos de abejas y otras matrices, análisis de residuos en laboratorios nacionales y del exterior, y bioensayos en condiciones controladas realizados por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. En estos ensayos se observó mortalidad significativa asociada a diquat y paraquat, aunque los técnicos aclaran que estos resultados no permiten establecer una correlación directa y concluyente con los eventos a campo.
-En paralelo, el análisis de 43 muestras provenientes de 36 sitios afectados arrojó resultados clave:
-No se detectaron residuos de paraquat ni diquat en ninguna de las muestras.
–Se constató presencia de glifosato en niveles muy bajos, apenas por encima del límite de detección, en la mayoría de las muestras analizadas en el exterior.
-En 4 muestras se identificaron otros ingredientes activos.
Desde la Dirección General de Servicios Agrícolas también se indicó que no existe uso registrado de paraquat en colza, uno de los cultivos señalados por los apicultores, y que los análisis sobre colza exportada no muestran residuos de ese herbicida.
Un fenómeno complejo y multifactorial
El propio informe subraya que el tiempo transcurrido entre los eventos y los muestreos, sumado a la interacción de múltiples factores, dificulta la reconstrucción precisa de los escenarios de exposición. Por eso, si bien se confirma que las abejas estuvieron expuestas a distintos productos fitosanitarios, no es posible, por el momento, señalar un responsable único.
Ante este escenario, el grupo interinstitucional definió una agenda de trabajo que incluye: monitoreo permanente de apiarios en distintas regiones; análisis de matrices más estables como cera, polen, néctar y suelo: estudios específicos sobre interacciones entre distintos principios activos; fortalecimiento de la respuesta ante denuncias; y acompañamiento técnico a apicultores afectados.
El MGAP y las instituciones participantes destacaron la importancia de sostener un abordaje técnico, coordinado y basado en evidencia científica, con el objetivo de prevenir nuevos episodios y preservar tanto la producción apícola como la sustentabilidad de los sistemas agrícolas. (Noticias AgroPecuarias)
