viernes 26/06

Más kilos por hectárea: el modelo que integra genética, forraje y gestión para aumentar la producción de carne

En una Jornada a Campo del Ipcva en 9 de Julio se presentó un modelo intensivo que combina selección genética, recría y planificación forrajera para mayor producción de carne.

(NAP) “La ganadería está muy bien y creemos que hay que recuperar el stock en un momento en que el mundo demanda carne”. Con esa definición, el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, Georges Breitschmitt, abrió una nueva Jornada a Campo en la cabaña La Coincidencia, en el partido bonaerense de 9 de Julio.

Bajo el lema “Genética y recría para maximizar carne y conversión: más kilos reales para el productor del oeste bonaerense”, el encuentro del Ipcva permitió conocer un sistema que integra mejoramiento genético, recría intensiva y manejo de precisión de los recursos forrajeros con el objetivo enfocado en producir más kilos de carne por hectárea.

En la presentación del manejo del campo, tanto el investigador del Inta, Aníbal Pordomingo, como el asesor ganadero Joaquín Prieto coincidieron en que el desafío de la ganadería moderna pasa por transformar más forraje en carne, mejorar la eficiencia de conversión y aumentar los kilos producidos.

La genética

El proyecto genético de La Coincidencia se apoya en la raza Limangus, un biotipo estabilizado a partir del cruzamiento entre Angus y Limousin. Pordomingo dijo que la búsqueda apuntó a combinar la calidad de carne, fertilidad y precocidad propias del Angus con el mayor rendimiento carnicero y la eficiencia de conversión aportadas por el Limousin.

Sin embargo, el planteo va más allá de la elección racial. La empresa desarrolló un sistema de reproducción basado en transferencia embrionaria que permitió acelerar el progreso genético y escalar rápidamente el rodeo.

Actualmente, la selección se realiza sobre miles de animales evaluados individualmente mediante registros electrónicos, mediciones reproductivas y análisis de características de carcasa. Entre los parámetros relevados figuran área de ojo de bife, espesor de grasa, marbling y rendimiento carnicero estimado en vivo.

Balanza para medir el RFI

Pero entre esas evaluaciones, Pordomingo destacó la incorporación del consumo residual RFI (Residual Feed Intake), un indicador que permite identificar animales capaces de producir más consumiendo la misma cantidad de alimento o, inversamente, mantener su desempeño consumiendo menos. La Coincidencia cuenta actualmente con una de las mayores instalaciones del país para medir este atributo.

“La eficiencia de conversión ya no se puede evaluar solamente por la ganancia de peso. Hay que medir cuánta carne útil produce cada animal con los recursos que consume”, resumió.

Recría

Prieto explicó que todo el modelo de recría fue diseñado para maximizar la producción por superficie. Así, la planificación comienza por el recurso forrajero disponible y no por la cantidad de animales que se pretende incorporar. “Primero se define cuánto pasto se puede producir y recién después se ajusta la carga animal”, dijo el asesor.

El sistema opera sobre dos establecimientos de recría, El Triángulo y El Peregrino, que en conjunto suman cerca de 1.700 hectáreas y reciben unos 5.000 novillitos por ciclo. Los animales ingresan con pesos de entre 180 y 240 kilos y permanecen en recría durante seis a diez meses, con objetivos de ganancias diarias de entre 500 y 700 gramos.

La meta final es entregar animales de entre 350 y 400 kilos manteniendo una elevada eficiencia biológica y económica.

Alimentación

La empresa estima que aproximadamente la mitad de la demanda anual de alimento debe ser cubierta mediante ensilajes, principalmente de maíz y cebada. Sobre esa base se construye una carga equivalente a 7 vacas de cría por hectárea, nivel muy superior al promedio regional.

A ello se suma el uso estratégico de suplementos concentrados y balanceados que permiten sostener las ganancias de peso cuando la oferta de pasto disminuye. “La suplementación no reemplaza al pasto; permite aprovecharlo mejor y sostener la producción cuando aparecen limitantes”, explicó Prieto.

En cuanto al manejo del pasto, tanto en la cabaña como en los campos de recría se utiliza pastoreo rotativo intensivo con asignación diaria u horaria de parcelas. Los animales ingresan a sectores definidos según mediciones previas de disponibilidad forrajera y reciben suplementación estratégica por silajes o henos.

El objetivo es aumentar la eficiencia de cosecha del forraje producido y “evitar pérdidas por subutilización”. Para esto se apoyan en la infraestructura: electrificación para dividir en parcelas, aguadas, corrales de suplementación y los registros permanentes de todos los animales (pesos, tratamientos sanitarios, movimientos y desempeño productivo) para corregir manejos, ajustar cargas y proyectar resultados.

Tanto Pordomingo como Prieto machacaron el concepto de que la intensificación ganadera no depende de incorporar más tecnología o más genética sino de diseñar una gestión integral: planificar la producción de forraje, medir resultados, ordenar procesos y utilizar información para tomar decisiones.

“Producir más carne no pasa solamente por tener mejores animales, sino por construir sistemas capaces de expresar todo su potencial”, resumió el experto del Inta. (Noticias AgroPecuarias)