
La mosca negra ha regresado un año más con especial intensidad y vuelve a convertirse en una seria amenaza para la ganadería extensiva y para la población de las zonas de ribera y humedales. Por ese motivo, la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón, UAGA-COAG, denuncia que la falta de una estrategia coordinada y eficaz por parte de las administraciones está permitiendo que este problema se agrave campaña tras campaña.
Las elevadas temperaturas registradas en primavera, junto con las abundantes lluvias de abril, han creado unas condiciones idóneas para la proliferación de este insecto en zonas próximas a ríos y humedales. A esto se le suma la práctica desaparición de las heladas invernales, un factor que favorece su supervivencia y multiplicación. El resultado es la presencia cada vez más abundante de mosca negra y una afección creciente tanto para las personas como para la actividad ganadera.
“EL IMPACTO SOBRE LA GANADERÍA ES ESPECIALMENTE GRAVE. BASTA CON QUE LAS OVEJAS Y CORDEROS AVANCEN POR LOS PASTOS PARA QUE MILES DE MOSCAS LEVANTEN EL VUELO Y LES ATAQUEN”
La situación ya ha trascendido el ámbito agrario. Vecinos y vecinas, senderistas, deportistas, paseantes y usuarios de piscinas de las localidades ribereñas sufren cada año las dolorosas mordeduras de este insecto, convirtiendo a la mosca negra en un auténtico problema de salud pública en muchas zonas.
Sin embargo, el impacto sobre la ganadería es especialmente grave. UAGA-COAG señala de que las explotaciones ganaderas situadas en zonas próximas a ríos y humedales soportan una presión constante que altera el comportamiento de los animales, y dificulta enormemente su manejo. En el caso de la ganadería extensiva, el problema se multiplica: basta con que las ovejas y corderos avancen por los pastos para que miles de moscas levanten el vuelo y les ataquen masivamente.
Las ovejas tienen una temperatura corporal cercana a los 40 grados, de ahí que, cuando hace mucho calor, aprovechen las primeras y últimas horas del día para alimentarse. Justo los momentos en los que la mosca negra presenta también una mayor actividad. Como consecuencia, los animales reducen el pastoreo, aumentan sus niveles de estrés y sufren una importante inmunodepresión.
Los daños y pérdidas son directos y cuantificables: aumento de los abortos embrionarios, descenso de la fertilidad durante la época de celo, pérdida de peso y reducción de la rentabilidad de las explotaciones. En definitiva, tal y como destaca UAGA, más costes y menos ingresos para los ganaderos y ganaderas que ya soportan importantes dificultades derivadas del incremento de los costes de producción y de la incertidumbre climática (falta de pastos por las sequías).
Este sentido, la organización agraria recuerda que lleva años reclamando la implicación y coordinación de todas las administraciones competentes para abordar esta problemática con la seriedad que merece. “No podemos seguir asistiendo a campañas cada vez más complicadas mientras las medidas llegan tarde o resultan claramente insuficientes”, denuncia José Manuel Casado, responsable del Sector Ovino de UAGA-COAG.
Por todo ello, UAGA-COAG exige la puesta en marcha de actuaciones urgentes y coordinadas destinadas a reducir la población de mosca negra y a minimizar sus efectos sobre la ganadería y la población de los municipios de la ribera del Ebro. Asimismo, la organización agraria reitera su disposición a colaborar con las administraciones, los servicios técnicos y los organismos competentes para identificar soluciones eficaces y sostenibles.
“La mosca negra ha dejado de ser una molestia estacional para convertirse en un problema estructural, y un problema tan grave no tendrá una única solución, pero la peor solución de todas es la inacción”, sentencia José Manuel Casado.
