Por momentos, la campaña lechera actual parece moverse entre dos extremos. Por un lado, una oferta forrajera difícil de igualar; por el otro, condiciones climáticas que complican el día a día en los tambos. Así lo describe Franco Torossi, quien analiza el escenario productivo con una mirada que combina optimismo y preocupación.
El verano, en términos generales, no fue tan hostil para las vacas. Si bien se registraron dos olas de calor marcadas —una después de Navidad y otra a partir del 10 de enero—, que aceleraron el ciclo de los maíces, los cultivos lograron sostener buenos rendimientos y calidad. “Se terminaron de secar rápido, pero con gran rendimiento y buena calidad de forraje”, resume.
A ese panorama se suma un dato clave: las abundantes precipitaciones desde la salida del verano hasta el otoño. Este factor impulsó con fuerza la producción de pasto y asegura una base forrajera sólida para los próximos meses. “Hay silo de excelente calidad, pasturas muy buenas y se espera un verdeo de invierno también de gran nivel”, destaca.

