
Atrapado entre un contexto externo adverso por la guerra en Medio Oriente y un frente interno que se le complica en lo social, económico y ético, el Gobierno –enarbolado en los fundamentos de su batalla cultural– continúa jugando al límite.
Mientras Milei cimenta sus discursos en lo que considera justo o injusto como base de una ética de gestión, arrecian las denuncias por posibles hechos de corrupción. Mientras declara que la inflación “ya llegó a cero”, los precios de alimentos y servicios siguen en ascenso. Mientras asegura que su modelo no generará desocupación –sino que trasladará trabajadores de empresas ineficientes a eficientes–, la desocupación crece. Mientras afirma que el avance tecnológico no destruye empleo, el mundo discute un salario universal ante el posible reemplazo del trabajo humano por la inteligencia artificial. Empresas como Meta, con profesionales altamente calificados, ya han despedido a más del 20% de su personal y anuncian nuevas purgas. Otras tecnológicas siguen el mismo camino.
En un escenario local donde crece la preocupación por la economía de todos los días, al Gobierno ya no le alcanza con responsabilizar a administraciones anteriores. El crecimiento de la pobreza –que una mayoría de la opinión pública proyecta para el país cuando finalice el mandato de Milei– dejó de adjudicarse al pasado y se concentra hoy en el actual modelo económico y sus gestores: Milei y Caputo.
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Las denuncias de corrupción –con el caso $Libra como epicentro– erosionan la credibilidad oficial. Los cuestionamientos al apoyo del Gobierno a la guerra perforan incluso a su electorado más fiel. Bajos salarios e inflación son los problemas que más preocupan en la vida cotidiana, y la sensación dominante es que el dinero no alcanza. La economía doméstica se convirtió en el verdadero epicentro de la preocupación social.
La situación laboral es más delicada de lo que parece. La foto completa del mundo del trabajo es mucho más grave que el 7,5% de desempleo oficial. La desocupación está en crecimiento, pero además, si al 7,5% se le suma el 16,5% de ocupados que buscan un segundo empleo y el 6% de ocupados que potencialmente podrían buscarlo, tenemos un 30% de la PEA presionando sobre el mercado de trabajo. En el conurbano bonaerense, la situación es aún más crítica: la desocupación llega al 9,5% y la presión global sobre el mercado de trabajo es algo mayor. Estos datos son peores que los de 2023, en donde la presión sobre la PEA era de 26,8.
Si a eso le sumamos que los ingresos corren debajo de la inflación, vamos completando el cuadro.
Nuestro último estudio de opinión pública muestra cómo esas realidades se reflejan en el ánimo social. Apenas el 28% de los hogares afirma llegar a fin de mes con sus ingresos. La mitad de la población tuvo que modificar sus hábitos de compra y un 38% de las familias recurre al endeudamiento –prestamistas, tarjetas– o a sus ahorros para cubrir gastos. Este deterioro tiene su correlato en el aumento de la incobrabilidad bancaria y financiera.
En consecuencia, la aprobación de gestión volvió a su piso histórico del 37% y la imagen personal del Presidente regresó a valores previos a su triunfo electoral. Solo el 35% de los electores expresa sentimientos positivos hacia el Gobierno.
Milei interpreta cada crítica como una operación y a cada actor disidente como parte de un complot. Pero mientras mira conspiraciones, pasa por alto un dato inquietante: hoy solo el 35% de los votantes quiere que sea reelecto. Ese es el verdadero límite con el que se enfrenta el Presidente. Su ventaja es que, por ahora, no tiene una oposición fuerte enfrente y que aún dispone de tiempo para intentar revertir la situación.
* Consultor y analista político.
