miércoles 28/10

El cerdo dejó de ser la alternativa barata y se convirtió en protagonista de la mesa argentina

En poco más de tres décadas, el consumo de carne porcina pasó de apenas 3 a 18 kilos por habitante al año. Un informe del INTA Marcos Juárez explica qué hay detrás de este salto, por qué el precio fue clave para conquistar consumidores y cuánto margen tiene todavía esta proteína para seguir creciendo en la Argentina.

La mesa de los argentinos está cambiando y la carne de cerdo es una de las grandes protagonistas de esa transformación. Lo que durante años fue considerado una alternativa más económica frente a la carne vacuna se convirtió en una opción habitual para millones de consumidores, impulsada por los precios relativos, las mejoras de calidad y una mayor presencia en carnicerías y puntos de venta especializados.

Un análisis de los investigadores Raúl Franco y Jorge Brunori, del INTA Marcos Juárez, Córdoba, pone cifras a este fenómeno: el consumo de carne porcina pasó de apenas 3 kilogramos por habitante al año en 1990 a 18 kilogramos durante el período 2024–2025. Un crecimiento que refleja no solo una mayor participación del cerdo en la dieta, sino también un cambio profundo en los hábitos alimentarios.

Del precio a la preferencia: cómo ganó terreno el cerdo
La evolución no se explica por un único factor. Según los especialistas, la mejora en la calidad de la carne, la aparición de carnicerías exclusivas y la mayor disponibilidad de cortes contribuyeron a ampliar su llegada al consumidor.

Sin embargo, el precio tuvo un papel determinante. Para muchas familias, la diferencia de costo frente a otras proteínas fue la puerta de entrada a una carne que, con el tiempo, comenzó a ganar terreno por sus propios atributos.

“Muchas familias comenzaron incorporando el cerdo principalmente por una cuestión de precio relativo, pero con el paso del tiempo el hábito de consumo se consolidó también por preferencia, gusto y calidad percibida”, explicó Franco.

Su versatilidad en la cocina, sus características nutricionales y la posibilidad de utilizar distintos cortes en preparaciones similares a las de la carne bovina también favorecieron su incorporación a las comidas cotidianas.

El resultado es un cambio generacional: el cerdo dejó de ocupar un lugar secundario y pasó a integrar las opciones habituales de consumo, más allá de las diferencias de precio.

Tres carnes, una mesa que se transforma
Mientras el consumo porcino creció con fuerza, el de carne vacuna mostró una tendencia diferente. De acuerdo con el relevamiento del INTA, pasó de 52 kilogramos por habitante al año en 1990 a un rango de entre 48 y 49 kilogramos en 2024–2025.

La carne aviar, por su parte, alcanzó valores de entre 47 y 49 kilogramos por habitante al año, consolidándose también como una de las principales fuentes de proteína animal.

La fotografía actual muestra una composición más diversificada del consumo argentino, en la que el cerdo ganó participación sin que la carne bovina y la aviar dejaran de ocupar lugares centrales.

¿Hasta dónde puede crecer el consumo de carne porcina?
El avance abre una oportunidad para la cadena porcina. Según los investigadores, en países con alto consumo de proteína animal la ingesta de carne de cerdo suele ubicarse entre 25 y 35 kilogramos por habitante al año.

Frente a los 18 kilogramos registrados en la Argentina durante 2024–2025, esa referencia permite dimensionar el margen potencial de crecimiento, aunque no implica que el mercado local necesariamente vaya a alcanzar esos niveles.