Su ‘terroir’ único en el Valle de Uco le valió la primera Indicación Geográfica del mundo para el sector.
(NAP) Cada vez que un argentino condimenta una pizza o una salsa, hay 90% de probabilidades de que ese orégano provenga de un mismo rincón del mapa: un pequeño pueblo de tan solo 2.000 habitantes en el Valle de Uco mendocino.
Se trata de Pareditas, una localidad ubicada en el departamento de San Carlos que, lejos de los eslóganes de marketing, ostenta con números reales el título de Capital Nacional del Orégano.
La concentración productiva de la región es abrumadora. Mendoza genera el 50% del orégano de toda la Argentina, pero hacia el interior de la provincia el embudo se achica de forma drástica: el eje Pareditas-Chilecito concentra el 98% de la producción mendocina, abarcando 833 de las 850 hectáreas cultivadas en territorio provincial.
¿Por qué este rincón cuyano se convirtió en el epicentro de la aromática? La respuesta está en su geografía. Cultivado a unos 1.000 metros sobre el nivel del mar, el orégano de esta zona se beneficia de una fuerte amplitud térmica, suelo ideal y el riego con agua pura de deshielo de la Cordillera de los Andes.
Esta combinación de factores genera un perfil aromático de una intensidad única en el mundo. Estudios científicos validaron que posee una altísima concentración de compuestos activos (timol y carvacrol). A diferencia de las variedades europeas o mexicanas, el producto de esta región garantiza estar compuesto casi en su totalidad por hojas puras e inflorescencias.
Esta excelencia le valió un hito histórico: la obtención de la Indicación Geográfica (IG) oficial.
Es la misma certificación de origen y calidad convirtió al cultivo del Valle de Uco en el primer orégano del mundo en lograr este estatus internacional.
El origen del nombre “Pareditas” (ubicada al sur de este mapa) remite a la historia colonial, puntualmente a las pircas de piedra que levantaron los soldados del Fuerte San Juan Nepomuceno allá por 1773. Siglos después, ese espíritu artesanal e ingenioso sigue intacto en sus productores.
Producción
La cosecha se realiza en dos cortes anuales (diciembre y abril). Para optimizar el proceso sin dañar la calidad, los agricultores locales llegaron a adaptar viejas cosechadoras de los años 60, modificando sus sistemas de ventilación para evitar que las ráfagas vuelen las valiosas hojas y logrando separar a la perfección la hoja del palo. Luego, el proceso culmina en secaderos naturales bajo el sol mendocino.
Hoy, el cultivo no solo es el motor económico de la localidad, sino también un atractivo turístico en expansión. Cada mes de enero, el pueblo se viste de gala para la Fiesta Nacional del Orégano, una celebración que combina espectáculos musicales y gastronomía regional con recorridas abiertas por las fincas y secaderos, abriendo las puertas al público para conocer el origen del sabor más federal de la mesa argentina. (Noticias AgroPecuarias)
