
En un acto encabezado por el vicegobernador Pedro Braillard Poccard, la enfermera veterana de la Fuerza Aérea compartió su testimonio sobre el conflicto de 1982 y reivindicó el rol femenino en la gesta.
La Legislatura de Corrientes fue escenario de un homenaje a María Liliana Colino, la única mujer argentina que pisó suelo malvinense durante la guerra de 1982. El acto, titulado “Malvinas. Fuerza Aérea Argentina. La heroína que bajó del cielo”, fue encabezado por el vicegobernador Pedro Braillard Poccard y buscó rescatar la dimensión femenina de la gesta, destacando el valor de los testimonios vivos.
Colino ingresó a la Fuerza Aérea en 1980 como enfermera profesional y formó parte del primer grupo de personal militar femenino del país. Durante el conflicto, trabajó inicialmente en el hospital reubicable de Comodoro Rivadavia, pero la saturación de heridos tras el desembarco británico la llevó a cruzar el Atlántico en vuelos de evacuación sanitaria hacia Puerto Argentino.
En su relato, Colino recordó que la toma de conciencia real sobre la guerra llegó con el hundimiento del ARA General Belgrano, un punto de inflexión que transformó lo que parecía lejano en una responsabilidad ineludible. También resaltó la tenacidad argentina para mantener activa la pista de aterrizaje de Puerto Argentino hasta el último día, pese a los bombardeos constantes.
Más allá de su labor profesional, Colino enfatizó el rol humanitario y la contención emocional que brindaban las mujeres en el frente. En los hangares, su sola presencia ofrecía un refugio psicológico para los combatientes, quienes a menudo les pedían que escribieran cartas a sus madres o llamaran a sus novias.
La jornada sirvió para reflexionar sobre la “desmalvinización” y la falta de visibilidad que sufrieron las veteranas durante décadas. Aunque reconocidas oficialmente por el Congreso y sus fuerzas, el anonimato se impuso por años debido a la escasez de registros y la ausencia de redes sociales. Para Colino, es imperativo desterrar la idea de que el soldado tenía miedo; por el contrario, el sentimiento imperante era el de no querer abandonar a sus compañeros en el campo de batalla.
